Diferencias entre préstamo y crédito (I)

Los términos préstamo y crédito suelen usarse, muy a menudo, por la mayoría de las personas como sinónimos. Sin embargo, en el ámbito financiero corresponden a distintos servicios.

La adquisición de un piso, un coche o de determinados bienes con un precio elevado exige, por regla general, pedir una cantidad de dinero de forma prestada para poder hacer frente al pago. Las forma más usada de pedir este dinero es mediante la petición de un préstamo o un crédito bancario. Pero a veces, no se tienen claras las diferencias entre uno y otro, lo que dificulta la elección de uno de ellos.

La finalidad de a qué se va a utilizar este dinero es la clave para optar por un préstamo o un crédito. El mejor producto será el que más se adecue a las necesidades específicas del solicitante. Así, si desea invertir en un artículo del cual se conoce su precio (vivienda, vehículo…) es recomendable el préstamo. Este producto financiero está destinado a la adquisición de bienes de larga duración y en la mayoría de los casos son préstamos personales, que se conceden a particulares para uso privado.

Por el contrario, los créditos son más útiles para profesionales autónomos o empresarios al ayudarles a afrontar las faltas de liquidez momentáneas y porque sus inversiones son en circulante, es decir, en algo que se puede volver a vender. También es mejor el crédito para aquellas personas con ingresos regulares que quieran ir disponiendo del capital según sus necesidades en cada momento.

Financieramente ambos consisten en una prestación de fondos a un tercero durante un periodo de tiempo, pero existen diferencias entre ellos. Un préstamo es el contrato por medio del cual, la entidad bancaria entrega al cliente una cantidad fija de dinero, obligándole a devolver ese capital más los intereses pactados de acuerdo a un calendario fijado de pagos.

En el crédito, la entidad se compromete a poner a disposición del solicitante fondos hasta un límite determinado, bajo unas condiciones y durante un plazo. Los intereses se pagan por las cantidades realmente dispuestas, puesto que el cliente no está obligado a utilizar todo el dinero que se ha puesto a su disposición. Por lo tanto, el resto del capital sigue disponible en la cuenta de crédito sin devengar intereses hasta que no sea utilizado. Los movimientos realizados por el cliente se verán reflejados en una cuenta corriente.

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